Cazador de marfil pisoteado por el elefante que el estaba tratando de matar durante horas

Los elefantes son criaturas inteligente y pacíficas. Los seres humanos que tienen placer en cazarlos hasta su extinción no lo son. Nada lo demuestra con mayor claridad que un incidente recientemente ocurrido en el monte Africano.

El es Ian Gibson. El se especializaba en matar animales grandes como «deporte.»

Recientemente, Gibson estaba liderando una cacería el la parte baja del valle de Zambezi en Zimbabue. El había estado acosando un elefante macho, llamado «toro,»  por cinco horas cuando el animal decidió que ya había tenido suficiente.

“Sintiendo que estaba muy cerca del elefante, Ian y su rastreador Robert continuaron siguiendo las huellas con la esperanza de ver el marfil mientras el cliente permanecía con el explorador,» reportan los empleadores de Gibson, Chifuti Safaris, en una nota en la red. (Verás como solo se refieren a este animal como un par de colmillos para ser recolectados).

[adrotate group=»4″]

«Finalmente encontraron al toro, lo vieron desde 50 o 100 metros de distancia. El toro instantáneamente se volvió y cargó contra ellos. Ian y Robert comenzaron a gritar para detener su carga. En una distancia tan corta Ian logró disparar una vez antes de que el toro lo matara. La escena fue muy explícita.»

Aparentemente, el elefante toro estaba en un período de «necesidad», un momento de altos niveles de testosterona indicado por una «glándula temporal con filtraciones, pene húmedo y extendido y postura y paso agresivos,» de acuerdo al guía de safari Rory Young. Algo que un cazador profesional debería haber captado, ¿verdad?

(Arriba: un elefante toro carga contra un vehículo). Pero en lugar de aceptar la pérdida, y esperar a matar un elefante más accesible otro día, Gibson presionó a su suerte. Y se quedó sin ella.

La pérdida de la vida siempre es terrible. Pero en un mundo donde los elefantes (junto con los rinocerontes, tigres y otros animales exóticos) están siendo empujados a la extinción para que  los «deportistas» como Gibson puedan agregar otro colmillo a sus trofeos, uno no puede evitar sentir una dulce reivindicación por el animal que sobrevivió.