Ella hizo justo lo que su mamá le dijo. Pero las últimas palabras que escribió me hicieron llorar.

Cuando tomas y conduces, no solo te expones a un gran peligro tu mismo, sino también a los demás. Por eso es tan preocupante que la gente lo siga haciendo cada día a pesar del enorme riesgo.

Este poema, escrito por una chica anónima, nos sirve como recordatorio de lo que puede suceder si tomas y conduces. Es un poema muy triste, pero si lo compartes podrías ayudar a salvar vidas, así que bien vale la pena hacerlo.

Querida mamá,

Me fui a la fiesta, mamá, y recordé lo que dijiste. Dijiste que no bebiera, mamá, así que tomé soda en el brindis.

Me sentí muy orgullosa, mamá, pues sabía lo que hacía. No tomé alcohol y conduje, mamá, aun cuando todos decían que podía.

Yo sé que hice bien, mamá, siempre tienes la razón. Ya la fiesta se termina, mamá, todos suben a sus carros y aceleran sin razón.

Mientras entro en mi carro pienso, mamá, que llegaré sana y consciente. Porque muy bien me criaste, mamá, siempre buena y obediente.

Emprendí el camino a casa, mamá, y pronto llegué la autopista. Otro carro no me vio, mamá, y conmigo se estrelló a toda prisa.

Herida y en el suelo, mamá, oí decir a un policía. “El otro tipo esta ebrio,” mamá, pero es a mí a quien atendían.

Mientras muero sola aquí, mamá… solo quiero verte pronto. ¿Cómo pasó esto, mamá? mi vida se esfumó de pronto.

Hay mucha sangre alrededor, mamá, y la mayor parte es mía. Escuché al médico decir mamá, que muy pronto moriría.

Solo quería decirte, mamá, que esta noche fui obediente. Fueron los demás, mamá, quienes no fueron conscientes.

Ese hombre fue a la fiesta, mama, a la misma que yo fui. Y lo injusto en todo esto, mama, es que él bebió y yo morí.

¿Por qué toma alcohol la gente, mamá? Si te puede arruinar la vida. El dolor ahora es más fuerte, mamá, como un cuchillo me lastima.

Ese hombre está de pie, mamá, y no me parece justo. Mientras yo me muero aquí, mamá, él solo me con disgusto.

Dile a mi hermano que no llore, mamá, y a papá si se derrumba. Y cuando ya me haya ido, mamá, escribe «la niña de papá» en mi tumba.

«No tomes y manejes», mamá, a ese hombre tenían decirle. Si así lo hubiesen hecho, mamá, no estaría a punto de irme.

Ya no puedo respirar, mamá, estoy muy asustada. Ya no llores más, mamá, tú no le temes a nada.

Solo me hago una pregunta, mamá, antes de despedirme.

Si yo no tomé y manejé, mamá, ¿Por qué soy yo quien debe irse?

Rechazamos firmemente el conducir bajo los efectos del alcohol. Por favor, haz clic en «me gusta» y comparte este poema para ayudar a concienciar sobre este grave problema.

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