5 Cosas Que Los Enfermeros Quieren Decirte Y No Pueden

1. Lloramos en casa por ti.

Puede parecer que los enfermeros están en una sola pieza mientras trabajamos duro para cuidarte, pero la verdad es que a veces, después de un turno particularmente duro, lloramos a moco tendido por tu dolor y el de tu familia. A veces, el estrés de cuidarte mientras estás enfermo de gravedad nos agota no solo físicamente, también mentalmente.

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Pasamos doce horas a la vez corriendo para obtener todo lo que necesitamos para tus pruebas, procedimientos, medicamentos y terapias, pero en realidad desearíamos pasar más tiempo tomando tu mano. Muchas personas nos dicen que no saben cómo podemos dedicarnos a esto. Bueno, en realidad nosotros también nos sentimos así.

Las emociones que se tienen al ver cómo una madre debe morir por una herida después de horas de código, o diagnosticar a un niño con cáncer, o incluso saber que vas a estar atrapado en el hospital en una fecha festiva no nos abandona cuando el reloj da las 7:30. Esos sentimientos se quedan con nosotros cuando vamos a casa, y a veces lloramos al irnos porque necesitamos desahogarnos.

2. Nos complace ser el hombro en el que lloras, pero no una saco de boxeo.

Trabajamos como nadie para asegurar que tu cuidado, y el de los demás, será efectivo y apropiado. Entendemos que tu dolor es terrible, y lo último que queremos para ti es que esperes por medicina y alivio. Pero lo que no sabes es que hace 20 minutos, cuando presionaste el botón que nos llama, estábamos hasta los codos ayudando a un paciente encamado que se había ensuciado.

Cuando finalmente llegamos a tu cama con el medicamento tan esperado, tus golpes furibundos dirigidos a nuestra competencia como enfermeros, o tu insistencia en cuanto a lo poco que nos importa tu salud son completamente infundados. De nuevo, en el primer apartado dije que desearíamos tomar tu mano por más tiempo, pero no podemos, pues estamos ocupados brindando cuidado médico a tantos pacientes como podemos, tan rápido como se puede.

3. Nadie quiere colocar la vía bien a la primera tanto como nosotros.

Confía en mí, cuando me dan la orden de colocarle una vía a un neonato de 6 días, nunca tengo un plan malicioso en mi mente de acuchillar a tu infante seis veces para poder hacerle los exámenes de laboratorio que nos permitirán saber qué le pasa. Entro ahí rogando poder hacer el procedimiento de la manera más rápida e indolosa posible para que todos podamos seguir con la próxima tarea que tiene como bjetivo curar a tu bebé.

Cuando no llego a la vena y tengo que intentarlo de nuevo, nadie se lo toma peor que yo. Mi confianza se desploma y me siento derrotado. Cuando lo logro a la primera, evitando dolor adicional, es un triunfo.

4. Nos sacrificamos por ti.

Nuestra vejiga sufre por horas cuando intentamos asegurarnos que tu historia sea un registro preciso de tu cuidado y tu estado. Pasamos por alto los descansos para almorzar para asegurarnos que tu vía esté cargada y no te cause una infección en el tracto sanguíneo. Besamos a nuestros hijos y les aseguramos que Santa Claus igual podrá encontrarlos en casa de la abuela porque tenemos que trabajar la víspera de Navidad. Hacemos todo esto y más, felizmente, porque…

5. Te queremos.

Sí. Te queremos. Tanto al paciente como a la familia. Tal vez seas muy molesto a veces, pero cuando nos toca ser quienes cuidamos de ti durante los momentos más duros de tu vida, lo hacemos por puro amor. Ninguna cantidad de dinero podría hacer que este descorazonante trabajo valiera la pena, pero la satisfacción que nos invade cuando sales del hospital sonriente y saludable nos hace sentir como si hubiéramos ganado la lotería.

Cuando veo a la combativa ancianita con demencia, pienso en mi abuela, cuando veo al hombre con una enfermedad del sistema nervioso, pienso en mis amigos. Cuando veo a la mujer combatiendo el cáncer con valentía, pienso en mí misma. Te queremos, y es el único empujón que necesitamos para lograr terminar el turno del día.

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